En el marco de la estrategia «Más alimento, menos desperdicio» del ministerio de Agricultura, se publicó una «Guía práctica reducción del desperdicio alimentario para centros educativos«.

Esta guía tiene por objeto la difusión del problema que supone el desperdicio de alimentos y concienciar que la necesidad de prevenir y reducir la cantidad de alimentos que se desperdician es una tarea conjunta de toda la sociedad. Pequeños actos como planificar nuestro menú semanal, hacer una lista de la compra o pedir que nos pongan en una fiambrera las sobras en el restaurante, ayudan a operar este cambio de hábitos.

Aunque inicialmente los niños siguen un modelo de consumo de alimentos que toma como referencia las pautas familiares, a medida que crecen y maduran, interactúan con otras personas y reciben otras influencias externas que contribuyen a desarrollar su autonomía. Por ello, es esencial sensibilizar sobre la necesidad de desarrollar modelos de producción y consumo sostenibles, que permitan satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer los recursos naturales de forma que nuestras necesidades futuras estén garantizas.

En este sentido, la sensibilización en el centro escolar es una oportunidad magnífica para llevar a cabo esta tarea porque permite llegar a muchas personas (niños, docentes, personal laboral y familia). Además, facilita, especialmente, el trabajo con los niños, ya que están inmersos en un entorno de aprendizaje en el que además pueden interactuar directamente con los alimentos y experimentar hábitos alimentarios saludables y responsables.

Por tanto, la educación sobre el desperdicio de alimentos se plantea como una materia igual de necesaria que cualquier otro aspecto relacionado con la sostenibilidad, y que actualmente ya se está trabajando en las escuelas, como por ejemplo: el respeto por el medio ambiente o el uso racional de recursos como el agua y la energía.